"Cuando el malestar no tiene explicación": ¿Es necesario saber qué me pasa para empezar un análisis?
Muchas personas creen que para empezar un análisis primero tienen que saber qué les pasa. Se cuestionan a qué van a ir si no saben qué decir, no pueden entender lo que les está sucediendo y piensan que ir a consulta va a ser en vano, porque no pueden dar información sobre eso que los tiene mal.
El psicoanálisis trabaja sobre lo inconsciente, y eso es justamente lo que no se sabe. El hecho de no saber lo que está pasando es un motivo para consultar más que válido. Por fin, no es necesario tener claro el motivo por el que se va a la consulta. Como señalaba Jacques Lacan, médico psiquiatra y psicoanalista francés:
«El que viene a vernos, por el principio de la suposición de que no sabe lo que tiene, ahí se encuentra ya toda la implicación del inconsciente.»*
El motivo se va a ir armando a medida que el analista pregunte y que el consultor vaya pudiendo hablar. En muchas ocasiones, luego de una sesión, los pacientes se van diciendo: «Pensé que hoy no iba a hablar nada...y terminé hablando un montón». Ese es uno de los efectos del dispositivo analítico: ofrecer el espacio y el tiempo para poder ir diciendo.
A medida que las palabras van saliendo, el analista va puntuando, repreguntando y señalando. En la consulta, el razonamiento empieza a encontrarse con otros caminos por los que no había pasado antes. Se abren nuevas direcciones para pensar y ver aquello que no se estaba pensando, aquello que no se estaba viendo: lo no sabía.
Todo el desarrollo de la experiencia analítica es propiamente hablando. Por eso es importante darse cuenta del tiempo de las sesiones. Hay que hablar para empezar a revelar el enigma.
Incluso en aquellos motivos de consulta que parecen estar claros, en los que el analizante cree saber por qué asiste al consultorio, ese mismo motivo encuentra, a su vez, otra cosa que se encontraba detrás. Lo no sabía siempre anda dando vueltas y, a veces, juega malas pasadas.
Desarrollar algo de eso que nos hace tropezar una y mil veces con el mismo malestar forma parte del proceso analítico. Lleva tiempo que la palabra se despliega, que uno pueda pensar sobre lo que está diciendo y también sobre lo que está haciendo. Lleva tiempo ya su vez deseo, un deseo de querer saber sobre eso que aqueja.
El análisis no parte de respuestas, sino de preguntas. A diferencia de lo que algunas personas creen: «¿Para qué voy a ir al psicólogo si ya sé lo que me va a decir?», el psicoanalista (que trabaja desde el psicoanálisis, no desde la psicología) va a apuntar a eso que no se sabe. No va a dar consejos ni una lista de actividades. Seguramente el consultor ya pensó que fumar, apostar o ponerse agresivo le hace mal; ya sabes que deberías dejar de hacerlo. Pero no sabe por qué no puede dejar de hacerlo.
No hace falta saber qué te pasa para empezar un análisis. Lo que hace falta es que ese malestar deje de ser solamente algo que se padece y pueda empezar a convertirse en una pregunta. Justamente, se empieza porque no se sabe de qué se trata lo que está pasando... pero sí se sabe que algo está pasando.
Consultorio Psicoanalítico
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